El máximo control de la gestión financiera, factor vital en la recuperación del sector de la automoción en España
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NK5 identifica las claves para afrontar los retos en el corto plazo

El máximo control de la gestión financiera, factor vital en la recuperación del sector de la automoción en España

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NK5 acaba de publicar bajo el título de ‘Principales retos a corto plazo para la automoción’.
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En un contexto todavía complejo para el sector de la automoción en España pese al mantra de que ‘lo peor ya ha pasado’, NK5, firma de servicios de reestructuración y turnaround que gestiona e invierte en compañías que atraviesan situaciones de inestabilidad, considera que el tejido empresarial no puede fiar la recuperación a la mera vuelta a la normalidad. Subraya que, en este contexto, no podemos pensar retomaremos nuestros hábitos de consumo exactamente donde los dejamos antes de la pandemia.

La COVID-19 nos deja un paisaje distinto en que, además de ser muy creativa en materia comercial, la cadena de valor de la automoción en nuestro país deberá dar mucha importancia a áreas de negocio a las que en otros momentos del ciclo económico no ha prestado una especial atención, como el reajuste de sus estructuras de capital, la negociación con sus acreedores, proveedores o empleados o la atención ininterrumpida y las medidas para mejorar su capital circulante o su tesorería, señalan desde esta consultora experta.


Estas son algunas de las conclusiones del estudio que NK5 acaba de publicar bajo el título de ‘Principales retos a corto plazo para la automoción’. Esta investigación radiografía en qué momento se encuentra el sector de la automoción en nuestro país y cómo debe afrontar el actual compás de recuperación, no solo para volver a la normalidad lo antes posible, sino para hacerlo sobre cimientos sólidos que garanticen su supervivencia no solo a corto, sino también en el medio y largo plazo.


Zona de turbulencias antes de la pandemia

La investigación a cargo de NK5 constata, en primer lugar, que el descenso de la actividad en el sector de la automoción es previo a la propagación de la COVID-19, pero que, naturalmente, se ha visto agravado por los sucesivos estados de alarma y por la ralentización económica. En 2019, las matriculaciones ya cayeron casi un 5% respecto a 2018, y en los meses de 2020 previos a la irrupción de la pandemia en nuestras vidas, la caída fue del 6,8% respecto al mismo periodo del ejercicio anterior.


Al cabo del año, la caída de las matriculaciones acabó superando al 32% respecto a 2019 a pesar de que un su contexto se aprobaron ayudas estatales por valor de 350 millones de euros en forma de los planes MOVES II y Renove.


Para Manuel Roca de Togores, socio de NK5, “antes de la pandemia, el sector ya estaba midiéndose a los retos impartidos por la electrificación y por la popularización del pago por uso frente a la propiedad”. “En ese contexto, el sector atravesaba un momento de cambio, con soluciones interinas como los motores híbridos y sin expectativas de una mejora sustancial de la demanda en el medio plazo. Los ganadores de esa carrera de fondo, que sigue disputándose, serán aquellos que sepan combinar sus estrategias tradicionales con las de pago por uso y quienes se adelanten a las necesidades de un sector electrificado”, añade Roca de Togores.


Los concesionarios pequeños y medianos, en la diana

En paralelo a todas esas dificultades del lado de la oferta, el comportamiento de la demanda se ha visto naturalmente alterado por la pandemia.


Si antes de la misma el 20% de los españoles tenían intención de comprar un vehículo en los siguientes doce meses según RACE, un estudio posterior a cargo de Ipsos apuntaba a que el 47% de esos consumidores vieron reducidas sus intenciones de compra por la llegada del coronavirus: una cifra que contrasta con las de mercados como Francia o Reino Unido, en los que la COVID-19 solo ha hecho reevaluar a la baja sus intenciones de comprar un vehículo a un 18 y un 24% de quienes pensaban hacerlo antes, respectivamente.


Ese cambio en los patrones de consumo se ha producido, además, en un momento en el que la rentabilidad media de los concesionarios en España ya evidenciaba signos de deterioro. En nuestro país, los concesionarios pequeños y medianos siempre han presentado una rentabilidad inferior a los de mayor tamaño, de entre 1 y 2 puntos porcentuales, lo cual hace que, para capear con una recuperación progresiva y con la prudencia redoblada de los consumidores, deban acometer una reestructuración operativa de la mano de procesos de ajuste y concentración que faciliten la absorción de costes fijos.


Sobre todo, porque, tras esa caída del 32% en las matriculaciones entre 2019 y 2020, ahora que volvemos lentamente a la normalidad, cabe esperar un entorno de mercado de descuentos agresivos para captar clientes.


Para Manuel Roca de Togores, “el margen con el que han operado los concesionarios en los últimos años ha sido tremendamente estrecho. Tanto, que un punto porcentual más o menos ha determinado la diferencia entre ganar o perder dinero. Por este motivo, en un entorno tan complicado y de demanda insuficiente como el actual, la situación de los pequeños concesionarios es, efectivamente, muy complicada”.


Ajustar las estructuras de capital, la clave para la recuperación

En este contexto en el que se superponen los efectos de la COVID-19 y los problemas que el sector arrastraba previamente, NK5 ha definido una serie de recetas para lidiar con la enorme presión a la que se están viendo sometidas y a la que seguirán sujetas las empresas de toda la cadena de valor del sector automovilístico.


Si durante la etapa de confinamiento y de mayor afectación del coronavirus esas empresas necesitaron recurrir a nueva financiación bancaria o, a cargo de las marcas, a ayudas públicas como los ICOS, a ERTES y a renegociaciones de alquileres, seguros, etcétera, en la fase de estabilización, entre junio y diciembre de 2020, la reapertura de concesionarios y fábricas, la recuperación parcial de las ventas y los planes MOVES II y Renove cambiaron sus necesidades. Éstas pasaron a girar en torno a la financiación de inventarios para la reapertura, a la reevaluación de las necesidades de personal y a nuevas estrategias comerciales para un entorno de alta competitividad.


¿Y ahora qué? En un contexto de recuperación progresiva del sector, gracias a los estímulos y a la mejora de la economía, pero en que también se avecina el vencimiento de la financiación ICO y el fin de los ERTEs, las empresas del sector han de ajustar sus estructuras de capital y productivas a la nueva normalidad, lo cual implicará negociar con acreedores, proveedores o empleados y recurrir a herramientas para optimizar su capital circulante y su tesorería.


Esto requerirá el acompañamiento de asesores especializados en el análisis estratégico de cómo ganar tamaño, en la elaboración de planes de negocio para renegociar con acreedores y adecuar los niveles de deuda a capacidad de repago, en reevaluar los objetivos comerciales con las marcas, y, en algunos casos, acceder a inversión con la que seguir financiando su crecimiento o mejorar su pasivo.


Para Roca de Togores, “lo primero es asegurar la caja y la estructura financiera. Sin esto, no se podrán dar pasos junto a marcas y proveedores para buscar soluciones a largo plazo. Lo segundo es tener claro si el negocio actual es sostenible, y, si no es así, qué hace falta para que lo sea. Este diagnóstico impartirá si la solución ha de pasar simplemente por buscar financiación y por acciones internas que brinden rentabilidad y caja de forma rápida, o si, además, hay que buscar tamaño a través de fusiones o compraventas. Dados todos estos pasos, las empresas podrán diferenciar claramente lo urgente de lo importante, que, en definitiva, consiste en tener clara la estrategia y el papel que quiere jugar en un mercado cada vez más electrificado y enfocado a los servicios”.

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